viernes, 16 de mayo de 2014

Manguel y Borges




  En mi imaginario, siempre pensé que María Kodama era la única persona que le leía a Borges ya ciego.

  Cuánto me falta por aprender…

  Leo una entrevista a Alberto Manguel:


“–Usted participó del ritual de leerle a Borges cuando estaba ciego ¿Qué aprendió leyéndole?


–Borges se hacía leer textos no para descubrirlos por primera vez sino para analizarlos. Cuando quedó ciego, decidió no escribir más prosa porque decía que para escribir prosa necesitaba “ver la mano escribir”. Pero después de un tiempo, se le ocurrieron varios cuentos (que constituirían El informe de Brodie ) y antes de empezar a redactarlos, como buen artesano, quiso estudiar cómo los grandes cuentistas que él admiraba habían construido sus relatos. El elegía un cuento (de Kipling, por ejemplo) y yo empezaba a leérselo, pero al cabo de unas pocas líneas me interrumpía para hacer un comentario sobre el estilo, la estructura, el ritmo. Hacía los comentarios para sí mismo, pero claro, yo aprendía escuchándolo.”




martes, 13 de mayo de 2014

Manguel y los traductores

Desde el lapidario “traduttore traditore”, siempre leí conceptos contrarios a los traductores, hasta que descubrí a Manguel.


 Dijo Alberto Manguel: “Un traductor es un lector ideal porque tiene que leer mucho más allá de lo que el autor sabe que puso en el texto. Un traductor es alguien capaz de anatomizar un texto y volver a reconstruirlo sin las cicatrices visibles del monstruo de Frankenstein…”





sábado, 10 de mayo de 2014

Besos, besos…

She by Charles Aznavour on Grooveshark


Pueden ver imágenes de este tipo en nuestras “entradas” del 17/01/2012, 19/01/2012, 28/08/2012, 10/01/2013 y 01/03/2014.

Una humilde recolección de besos.


Para que la disfruten…


Robert Doisneau

Robert Doisneau

Robert Doisneau

Autor desconocido

Ed. Van der Elsken

Ed. Clark



jueves, 8 de mayo de 2014

Un tal Juan Medina en un viejo poema recordado…

 Empezaba de esta magnífica manera:

“Yo, Juan Medina, ascensorista,
soy nada más que lo que soy.
No busquen ruido de leyenda
dentro de mi corazón.
No conocí jamás mentira
ni lateral delirio, no.
Sólo trajines verticales
y vertical resignación…”


María Elena Walsh


martes, 6 de mayo de 2014

Narciso de nuevo:


  Dice Robert Graves sobre Narciso:

“Al principio trató de abrazar y besar al bello muchacho que veía ante él, pero pronto se reconoció a sí mismo y permaneció embelesado contemplándose en el agua hora tras hora. ¿Cómo podía soportar el hecho de poseer y no poseer al  mismo tiempo? La aflicción lo destruía, pero se regocijaba en su tormento, pues por lo menos sabía que su otro yo le sería siempre fiel pasara lo que pasase…”

  ¡Magnífico!

  Personalmente siempre pensé que el amador deseaba poseer al amado al punto de convertirse en lo que ama. Pero no sucede en este caso…

  Narciso quiere poseer a Narciso.

  No quiere dar ese salto esencial de comprender que ya es lo que está amando y prefiere saltar al agua para tratar de atraparse. Como si fuese otro…

  Luego de la sorpresa de verse a sí mismo y no poder escapar a su propio enamoramiento, se hunde en el tormento de desear ser el que no es para tratar de poseer lo que sí es…

  Lo consuela poco el hecho de que puede ser fiel a sí mismo siempre, que podría vivir así sin darse a nadie amándose para toda la vida sin traicionarse jamás…

  Pero no le alcanza con la fidelidad…

  La fidelidad, a veces, no es tan importante…

  Un buen puñal soluciona muchas cosas…


  Al menos, eso es lo que piensa Narciso



sábado, 3 de mayo de 2014

Narciso en una reflexión:

 De la lectura del mito de Narciso siempre me detengo cuando su madre Liríope le pregunta al adivino Tiresias sobre el destino de su hijo y éste le responde: “Narciso vivirá hasta ser muy viejo con tal de que nunca se conozca a sí mismo.”


 Maravilloso, es lo que hace al mito, el consejo sorprendente, lo contrario de lo esperado…




jueves, 1 de mayo de 2014

“Adiós gotas. Adiós.”

Foto de autor desconocido (aunque me hubiera gustado serlo).

 Hoy, Cortázar:

“Aplastamiento de las gotas

    Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

    Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.”