sábado, 26 de septiembre de 2026

Va por ti, Marina Vlady

 


 Hace un par de días falleció la actriz Marina Vlady. La teníamos algo olvidada, en realidad es que hay cientos y cientos de grandes actores y actrices que sería imposible tenerlos siempre en presente memoria. Pero Vlady merece la mención por ser de las que transmitieron una magia especial en sus interpretaciones:

 “La bruja” de 1956, “La abeja reina” de 1963, “Campanas a medianoche” de 1965 y dirigida por el gran Orson Welles, entre otras que pueden rastrearse muy fácilmente.

 Muchos la vimos por primera vez bajo la dirección del mítico Jean-Luc Godard en el film “Dos o tres cosas que yo sé de ella” de 1967. Esa narración desestructurada, fuera de todo orden lógico como le gustaba a Godard en el que ella interpreta a una mujer común, una ama de casa parisina que recurre a la prostitución con absoluta normalidad para mantener el ritmo de vida consumista sin que esa actividad, que realiza en secreto, altere en nada su vocación de familia.

 Marina Vlady, actriz de otra época, del Siglo XX, presente, bella y mágica cada vez que alguien desee verla…





viernes, 25 de septiembre de 2026

Viernes poético. A Virginia Woolf...

 



Viernes poético con un homenaje a Virginia Woolf

 

"Virginia Woolf

Lograste no sólo la gloria

en la palabra

sino también la alquimia

de quitarte las piedras

del alma

para ponértelas en los bolsillos

y así, en Ouse

hundirte

como quien surge,

precipitarte

como quien se eleva,

quedarte sin aire

como quien respira por fin

no en lo hondo

sino en lo alto."

 

Pablo Schipani. Mujeres Sumergidas. Ed. Gogol.



viernes, 18 de septiembre de 2026

Viernes poético, 18/09

 

 Retomemos los "Viernes Poéticos", ya bastante es complicado el mundo sin poesía…

 

“Mi pertenencia

 

Alguna vez creí que era por ti

pero no, esta tristeza es puramente mía.

Alguna vez creí que este angustioso andar

de domingo nublado a la mañana

era porque estabas lejos

besando y amando gozosamente

o porque ya no me considerabas

ni siquiera como un recuerdo interesante.

Pero era solo el reflejo hiriente

de un sol que nunca existe.

No te correspondía esa tristeza adjudicada.

Ingenuo fui al maldecir tu responsabilidad,

culpar tu fundamento germen.

Esta angustia me pertenece,

no tiene origen en tu cuerpo ni en ajenos.

No sé qué me hizo pensar

que esta afición al llanto

tuviese algo de tu razón o tu autoría.

Ahora, aunque tarde, sé

que ni principia ni termina en otro sitio

que ése que parece ser mi alma.”

 

P. Schipani

 

Foto de Italo Zannier



lunes, 14 de septiembre de 2026

Barbarella y los referentes del pasado...

 


 En este espacio, hay temas sobre los que nos repetimos y nos repetimos. Pero es que si se comete el mismo error, no nos queda más que volver a pronunicarnos: hay films que merecen una actualización, una versión nueva pero hay muchos otros que no, definitivamente NO; otros que por su estilo de realización, su magia cinematográfica, su particularidades imperecederas no necesitan una reversión. Fue estúpido hacer de nuevo “Los tres chiflados” (2012), como fue estúpido hacer de nuevo “El llanero solitario” (2013) o “Ben -Hur” en 2016, por citar algunos despropósitos…

 Hay creaciones que hay que apreciarlas como si fuesen un ser vivo, es decir aceptando que envejecen pero que, sin embargo, justamente por eso, por ser un ser particular, son irremplazables.

 Esto lo decimos porque está en desarrollo una nueva “Barbarella”. Estará protagonizada por Sydney Sweeney con dirección de Edgar Wright sobre guión de Jane Goldman y el propio Wright.

 Tal vez nos equivoquemos, es posible, deseamos equivocarnos y sabemos que pecamos de cierta imprudencia, puesto que estamos hablando de un film que todavía no se realizó. Es que en nuestros corazones está la versión de 1968 dirigida por Roger Vadim e interpretada por Jane Fonda, Ugo Tognazzi, Anita Pallenberg, John Phillip Law y Milo O'Shea en los papeles principales. Una película que fue siempre catalogada como muy mala, pero no obstante fue amada por todos y engrandecida por el protagónico inmortal de Jane Fonda.

Nuestra reseña fue en 2011, en este espacio y en letra chica dice:

“Nota: adjunto imágenes para curiosos de la historieta francesa creada en 1962 por Jean-Claude Forest y de Jane Fonda como la heroína del film de 1967 dirigido por Roger Vadim. Ah, y por favor recordemos que no hay que hacer de nuevo los films de culto…”

 Es cierto también que estos proyectos obedecen a que el público se renueva y a que hay más público y que es menos exigente; un público al que las referencias “antiguas” no les importa para nada, esos que no se tomarán el trabajo de ver ni un segundo del film de 1968. Es como la actitud de un amigo mío que, en medio de una fiesta de adolescentes tomó una guitarra, cantó “Let it be” y, ante la fascinación general, dijo que la canción era suya…




https://lacomediatermino.blogspot.com/2011/05/barbarella.html


lunes, 7 de septiembre de 2026

Desayuno americano...

 


 Hablando con un amante del cine consultamos sobre una escena repititiva en la historia del cine hollywoodense.

 ¿En cuántos films norteamericanos hemos visto a la familia desayunando panqueques, huevo, tocino y jugo de naranja mientras conversan antes de irse y un miembro, generalmente el adolescente, sale a las corridas porque llega tarde?

 Ese mismo cinéfilo, nos confirma que esa es la escena propuesta como la normalidad histórica de la "maravillosa vida estadounidense". La muestra elíptica que nos dice: “aquí se vive bien, somos felices, la vida cotidiana norteamericana es la más maravillosa del mundo…”

 Siempre sospechamos que esa escena, por reiterativa tenía algo de falsa.

 Ahora, con mayor acceso a información certera, lo comprendemos mejor. Ficción entre ficciones. Si alguna vez, esta escena sucedió con cierta habitualidad fue hace décadas (1950/1960) y no en todo el territorio de EE.UU..Esta escena reiterada hasta el hartazgo es solo un recurso cinematográfico, un estereotipo obsoleto.

Otra mentira norteamericana…




viernes, 28 de agosto de 2026

Para que no se nos escape el viernes poético: 28/08

 

Foto: Frances Mortimer


“Lo que eres:

 

Mi corazón de sueños imprecisos.

Mi antología de deseos del pasado.

Mi religión de amor que no me condena.

Mi colección de imágenes hermosas.

Mi redención que mata y resucita.

Mi día de esplendor, mi ocaso sin ocaso.

Mi instante pasado que no muere.

Mi muerte que no importa porque estabas.

Mi hora que no acaba aunque no exista sino en el recuerdo.

Mi amor mil veces amor nunca otra cosa.

Mi perfume recordado que se esfuma y que perdura.

Mi presencia sin sombra.

Mi ilusión que no defrauda.

Mi sombra acariciable.

Mi intuición apasionada.

Mi derrota permanente.

Mi triunfo sin testigos.

Mi sacramento personal.

Mi descuidada presunción de un gran misterio.

Mi pasado en el presente.

Mi imperfecto señuelo para retenerte.

Mi fotografía en la que estábamos y se ha velado.

Mi ideograma indescifrable que solo habla de ti.

Mi ciudad imaginaria en la que vives solo conmigo.

Mi isla desierta en la que estuvimos en mis sueños.

Mi monumento a la soledad que te refiere.

Mi intuición.

Mi ensoñación.

Mi esgrima derrotada.

Mi cumbre.

Mi horizonte.

Mi mar desconocido.

Mi perdido continente.

Mi objetivo.

Mi norte aún en la brújula averiada.

Mi bandera para tu viento.

Mi viento para tu bandera.

Mi azul entre todos los azules.

Mi palabra predilecta.

Mi alma preferida.

Mi amor indescifrable.”

 

P.Schipani

 

 

La virtualidad o “la lejanía estando cerca”…

 


 Dos grandes maestros del ajedrez, Magnus Carlsen y Hikaru Nakamura, están sentados relativamente cerca, pueden verse claramente. Cada jugador tiene su computadora y se enfrentan a través de una plataforma online. No utilizan el ancestral tablero de madera y las bellísimas piezas físicas reales. Están rodeados de cámaras televisivas, pantallas LED gigantes y los aborda una iluminación especial. Esta escena puede corresponder al Champions Chess Tour de Chess.com posiblemente…

 En fin, son los tiempos que corren, así son las cosas: hoy no es extraño que habitantes de una misma casa se manden WhatsApp para pedirse algo o comunicarse. Prácticamente nadie va a caminar unas cuadras para contarle algo a un vecino o a alguien que no está siquiera muy lejos. Fuera de este tipo de comunicación quedan las miradas, el lenguaje del cuerpo en general, y en gran medida los matices de la voz, a pesar de que la tecnología móvil haga un esfuerzo en recrear un rudimento de voz que más o menos se nos parezca…