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| Foto: Mark Steinmetz |
“Eras el otro amor.
No el verdadero, ese con el que se construye
una casita bella, ladrillo por ladrillo,
sino aquel por el que se conquistan mundos
que jamás se han visto.
Eras el otro amor,
no el de la tierra del sacrificio,
sino el del paraíso deseado,
no el que da,
sino el que promete
no el que anda,
sino el que sueña con andar.
Eras,
el otro amor,
el que no tiene destino
porque no es más que sendero
y sendero efímero.
No eras el amor de cada día,
el que se fecunda, el que puede soportar lo
insoportable,
el que existe en el tiempo y el espacio.
Eras el otro amor,
el que se cuela en la historia imposible,
el que casi no existe
porque no tiene lugar.
Ese al que se le hace sitio
como abriendo paso con una espada invisible e
inmisericorde.
Ese amor eras,
el otro,
el que los dioses castigan
y el que los especialistas en amor
dicen que no es amor.
Ese eras,
eres.”
P. Schipani



