Si hay algo que siempre sufre España es en sostener su relativa unidad. Vientos de separatismo la conmueven y la conmovieron siempre. De hecho y sin meternos en ningún análisis histórico profundo, el emblema “España una…” se debió mantener muchas veces a sangre y fuego. En fin.
Pero fue de
visita nuestro presidente y aportó no poco a terminar con el separatismo español: referentes de la
derecha lo rechazaron, referentes de la izquierda por supuesto que también, y
la monarquía buscó la manera elegante e institucional para no recibirlo. Todos
unidos para evitarlo. Tal vez alguien pueda objetar que la presidenta de la
comunidad de Madrid accedió a conversar con él y darle un abrazo, pero amigos,
lectores de este espacio, si son percetivos, notarán a las claras, aún en
breves imágenes, cuándo es que una dama está realmente en situación muy
incómoda…
El presidente
de esta nación viajó 12.000 km para ser atendido por videollamada, no hubo una
sola inversión anunciada, no hubo una sola reunión con nadie del Ejecutivo de
España, ni tampoco lo quisieron ver los candidatos que supuestamente él fue a
apoyar. En síntesis: una catástrofe financiada con fondos públicos, porque cada
viaje con comitiva y todo tiene un altísimo costo.
Eso sí, nuestro
mandatario no reparó en insultos groseros a periodistas locales y, por supuesto,
al presidente español.
De alguna
manera, los líderes políticos de España,
sean del color que sean, están en clara actitud de “despegarse del payaso”. Al menos, podemos decir que está
unificando a los españoles en algún punto…



