A mí me parece que en esta temática se esconde un anhelo de lectores o espectadores por algo inconfesable que es, básicamente, el deseo de tener “licencia para matar” sin reparos. Es más, no sólo el vergonzoso deseo de poder ir matando a lo loco sino esa fantasía de “matar a lo loco” y que la humanidad te lo agradezca…
¿Cómo llego a esta apreciación?
La temática zombi es propia de la filmografía de segunda clase. Literariamente hablando no hay mucho bueno al respecto.
Wade Davis habría sido quién “denuncia” esta patraña allá por los años ´80 y lo expone en su obra The Serpent and the Rainbow . Más tarde, este libro, se convirtió a su vez, en film de culto en 1988 “La serpiente y el arco iris”.
Pero el tema deriva de zombis, que son personas narcotizadas, a personas que se han muerto de verdad y de pronto se salen de su tumba y quieren dañar a otros. Por supuesto, no iban a salirse de los féretros en semi-estado de descomposición para fundar bibliotecas o repartir ayuda humanitaria.
En algunos de los infinitos films de baja categoría en que aparecen quieren “comer” a los vivos.
Suelen aparecer con poca fuerza, es decir, más o menos fáciles de derrotar si uno tiene unas cuantas balas. El imaginario es que uno les dispara y siguen avanzando, claro, si están muy muertos, pero si se les dispara “mucho-mucho” finalmente se terminan rompiendo del todo y ya no pueden seguir…
Pero a lo que me refería al principio no es a la existencia o no de los pobres zombis sino a ese anhelo de poder andar matando gente tranquilamente sin tener ni miedo ni culpa.
Lo que subyace (y es para reflexionar) son esas ganitas locas de disparar a quienes se te vienen encima, y que eso esté bien, total, ya están muertos…




