martes, 19 de julio de 2011

Los zombies nunca mueren… Día IV. Semana del Terror en “La comedia terminó”. En la cornisa entre ficción y realidad. Zombies.

  A mí me parece que en esta temática se esconde un anhelo de lectores o espectadores por algo inconfesable que es, básicamente, el deseo de tener “licencia para matar” sin reparos. Es más, no sólo el vergonzoso deseo de poder ir matando a lo loco sino esa fantasía de “matar a lo loco” y que la humanidad te lo agradezca…
  ¿Cómo llego a esta apreciación?
  La temática zombi es propia de la filmografía de segunda clase. Literariamente hablando no hay mucho bueno al respecto.
  El convertir a alguien en zombi es una actividad que reconoce orígenes en rituales africanos los cuales, en América, hicieron ancla especialmente en Haití. Algunos “vivillos” perfeccionaron la manera de hacer pasar por muerto a alguien mediante primitivos narcóticos en forma de polvo y luego lo “resucitaban” pero privados de voluntad. Los zombis quedaban (o quedan) al servicio de unos señores con cierto poder religioso y económico.
 Wade Davis habría sido quién “denuncia” esta patraña allá por los años ´80 y lo expone en su obra The Serpent and the Rainbow .  Más tarde, este libro, se convirtió a su vez, en film de culto en 1988 “La serpiente y el arco iris”.
  No obstante, ya todo esto lo habíamos visto en una vieja película de 1932 llamada Zombi Blanco y protagonizada por el mítico Bela Lugosi.   
  Pero el tema deriva de zombis, que son personas narcotizadas, a personas que se han muerto de verdad y de pronto se salen de su tumba y quieren dañar a otros. Por supuesto, no iban a salirse de los féretros en semi-estado de descomposición para fundar bibliotecas o repartir ayuda humanitaria.
  En algunos de los infinitos films de baja categoría en que aparecen quieren “comer” a los vivos.
  Suelen aparecer con poca fuerza, es decir, más o menos fáciles de derrotar si uno tiene unas cuantas balas. El imaginario es que uno les dispara y siguen avanzando, claro, si están muy muertos, pero si se les dispara “mucho-mucho” finalmente se terminan rompiendo del todo y ya no pueden seguir…
  El poder de los zombis cinematográficos está en la cantidad, como son algo débiles, se te vienen de manera masiva y ahí sí, hay un punto en que se te acaban las balas o lo que sea con lo que les estés tirando y pues te atrapan y te matan o te hacen zombi (siempre en estos seres existe esa manía apostólica: los vampiros quieren hacer nuevos vampiros y los zombis, más zombis…cosa de vampiros…y de zombis…). No voy a hablar de las posibilidades infinitas que esto aporta a los “video-games”.
  Pero a lo que me refería al principio no es a la existencia o no de los pobres zombis sino a ese anhelo de poder andar matando gente tranquilamente sin tener ni miedo ni culpa.
  Lo que subyace (y es para reflexionar) son esas ganitas locas de disparar a quienes se te vienen encima, y que eso esté bien, total, ya están muertos…

lunes, 18 de julio de 2011

Vampiros para siempre…Día III. Semana del Terror en “La comedia terminó”. En la cornisa entre ficción y realidad. Vampiros.


  Nadie se crea que el primer vampiro fue Drácula. Nadie piense que los verdaderos vampiros brillan a la luz del sol con destellos de diamante como los vampiros de Stephenie Meyer (Luna Nueva, Eclipse, Amanecer y etc.), ellos, los vampiros comenzaron a vivir literariamente en 1748 de la mano de Heinrich August Ossenfelder en un poema.
  Después, la lista de poemas, cuentos, novelas, films, comics, en los que este personaje es abordado se hace realmente extensa con producciones disímiles, es decir, muchas estéticamente nobles y otras que no resisten el mínimo análisis.
  El vampiro, sinónimo de la muerte y de lo muerto, reviniente por excelencia es el ser capaz de dañar por su propia naturaleza desgraciada, es aquel no-vivo, alguien muerto pero que vive con otra vida condenada a alimentarse de la sangre de los vivos y, acaso, convertirlos en lo que él mismo es, arrastrándolos a su propia tragedia…
  Los estudiosos observan los orígenes de las conductas vampíricas, orígenes muy remotos por cierto, en la religión del antiguo Egipto, en las mitologías babilónicas y en los albores de la cultura helénica.
  Pero, desde aquellas narraciones primeras a las figuras cinematográficas de hoy, hay mucho camino y mucho afán por parte de los escritores por darnos un vampiro al gusto de cada época. Acaso Drácula sea el molde que encaja de manera general y los vampiros-novios-adolescentes de Meyer sean para la chiquilinada de hoy.
  Veremos cómo sigue el mito vampírico mañana, ya algo comentamos en este blog sobre la obra de Justin Cronin, El pasaje, que parece ser lo último de renombre sobre esta temática.
  Pero me detengo en una apreciación:
  En el magnífico cuento que se clasifica como de temática vampírica “El horla” de Guy de Maupassant, el protagonista saluda a unas embarcaciones que pasan, sin saber que ese saludo es el permiso para que algo extraño acceda a su vida y comience a destruirlo.
  Quiero decir que éste es el gran hallazgo del mundo vampírico. Para que el vampiro se apodere de nuestras vidas tenemos que permitírselo y sin ese permiso nada puede hacer: “_Bienvenido a mi casa. Venga libremente, váyase a salvo, y deje algo de la alegría que trae consigo…” Con esta sugestiva frase Drácula invita a Jonathan Harker a entrar a su castillo.
  Esta es, sin duda, la clave temática.
  Hay cosas que nos pueden hacer mucho daño en la medida en que permitimos que nos hagan mucho daño.
  ¿Existen hoy los vampiros?
   Y, en parte sabemos que sí.
  Cuando alguien “nos consume”, nos roba ideas, nos toma lo que es nuestro, nos domina vivencialmente, no “absorbe”, nos demanda, cuando alguien cercano nos hace algo de este tenor y de manera permanente y se lo permitimos, es que está tomando actitudes vampíricas y se convierte, en parte, en un verdadero vampiro. En ese vampiro personal que no se detendrá hasta dañarnos seriamente de alguna manera.
  Los elementos religiosos como cruces u otros objetos sagrados o el inocente ajo podrían mantenerlo alejado, también la salvadora luz del sol según la leyenda, pero, estos no son más que talismanes de improbable resultado a la hora de encontrarse con un poderoso vampiro.
  Acaso la verdadera manera de vencerlos sea no darles el permiso para “entrar” en nuestras vidas…

domingo, 17 de julio de 2011

Momias, nunca muertas momias… Día II. Semana del Terror en “La comedia terminó”. En la cornisa entre ficción y realidad.

  Como nadie quiere resignarse a una ausencia que parece, en principio, eterna, no queda más al ser humano que intentar la conservación de lo que resta.

  Quedarnos con el cadáver, “inmortalizar” de alguna manera lo que está muerto. Guardarnos los restos “conservándolos” de alguna forma.

  Lo egipcios fueron la vanguardia de estas costumbres e intentos quienes, como bien sabemos, edificaron tumbas que bien podrían semejarse a palacios.

  Luego vimos que esto de enmomiar también se les ocurrió a otros con menos prensa o con menos leyenda difundida.

  En el cine, las viejas películas de “La momia”: La momia, 1932 protagonizada por Boris Karloff, La momia, 1959 protagonizada por Christopher Lee, La momia, 1969 dirigida por Shadi Abdel Salam, superan ampliamente en espíritu a las infantiles de la misma temática pero más recientes protagonizadas por Brendan Fraser (1999).

  Por otra parte, la gran obra de Hitchcock, “Psicosis”, es un film superlativo a la hora de querer conservar lo que no debería conservarse.

  Literariamente hablando hay mucho también, a mí siempre me gustó el cuento de William FaulknerUna rosa para Emily”. No resisto la tentación de transcribirles un fragmento:

“El hombre yacía en la cama.
Por un largo tiempo nos detuvimos a la puerta, mirando asombrados aquella apariencia misteriosa y descarnada. El cuerpo había quedado en la actitud de abrazar; pero ahora el largo sueño que dura más que el amor, que vence al gesto del amor, lo había aniquilado. Lo que quedaba de él, pudriéndose bajo lo que había sido camisa de dormir, se había convertido en algo inseparable de la cama en que yacía. Sobre él, y sobre la almohada que estaba a su lado, se extendía la misma capa de denso y tenaz polvo”.

  En nuestro país tuvimos y acaso tenemos alguien a quien no dejamos morir jamás. Una hora antes de que falleciese Eva Perón, el propio Perón ya había convencido al Dr. Pedro Ara para que hiciera el trabajo de conservación perpetua de su cadáver. Ara no realizó un embalsamamiento común sino un trabajo inédito en su época. La conservación del cuerpo de Evita, Jefa espiritual de la Nación, supuso la preservación de todos sus órganos. Para ello trabajó un año entero durante horas, todos los días…


  Después siguió una leyenda macabra que tiene más de leyenda que de realidad.


  No obstante, esta foto del Dr. Pedro Ara con su obra no deja de causarme pavor: 
  

sábado, 16 de julio de 2011

Semana del Terror en “La comedia terminó”. En la cornisa entre ficción y realidad. Entierros tempranos… Día I

  

  Ser enterrado vivo es una de los disgustos más grandes que uno podría tener… Mucho peor que la visita inesperada de una suegra o el despido sorpresivo de un buen empleo.

  Muchos films merodearon esta temática, incluso algunos de estreno reciente: “Enterrado” (“Buried”, 2010).

    Yo propongo no olvidar al clásico Edgar Allan Poe en “El entierro prematuro” y su introducción en donde aclara que un tal Jullien Bossuett viajó hasta el pueblito de su amada sabiéndola muerta, sólo para tomar unos cabellos de ella. Debido a que llegó a destino ya muy entrada la noche pero sin estar dispuesto a perder un segundo, arremetió con su propósito en la oscura clandestinidad como cualquier profanador de tumbas. Lo que sucedió fue que, acometiendo la tarea, su novia “resucitó” o, acaso, la salvó de un entierro que no correspondía. Yendo a buscar un cabello, se quedó con toda ella por largos años.

  En la realidad siempre me constriñó el alma aquel episodio de la muerte del locutor Hector Coire. Muere en Uruguay a principios de la década del ´70 y, según algunos, según alguna leyenda urbana y poco probable,  sus empleadores decidieron que fuese trasladado de inmediato a Buenos Aires. Lo meten en un féretro y, manos a la obra con la empresa. Cuando llegan, constatan que había estado vivo, sus terribles signos de desesperación que prefiero no describir, estaban a la vista…


Nota: algunos otros films que recorrieron esta temática son “Enterrado vivo” (1990), “Kill Bill, La venganza” (2004), “Doble riesgo” (1999), “Millennium 2” (2009), “Cuentos de la cripta” (1989-1996), “Entrevista con el vampiro” (1994) “V-Invasión extraterrestre” (1983-1985), entre tantos…

viernes, 15 de julio de 2011

Pipas y almas…

“Sherlock Holmes había apartado de sí el desayuno intacto y encendido su pipa, compañera de meditaciones más profundas. Se recostó en el respaldo y clavó su vista en el cielo raso…”
 Arthur Conan Doyle. El valle del terror (1915).


  Si la nicotina es un estimulante ¿por qué decimos que fumar en pipa proporciona una sensación reflexiva?

  Hoy, en nuestra sección “Pipas como almas” intentamos dar respuesta escueta y concreta a este tema, además un poema “Al tabaco” que hace alusión.

jueves, 14 de julio de 2011

¡Semana del terror en La comedia terminó!


  Lo recordamos: desde el 16/07 al 22/07, siete entradas, una cada día, con un único tema: El terror entre la ficción y la realidad.

  Quedan formalmente invitados.

miércoles, 13 de julio de 2011

La significación de los objetos. Facundo Cabral.

  No quería escribir sobre la muerte de Facundo Cabral, pero no pude evitarlo.

  Los detalles están en cada crónica policial.

  El asesinato de un hombre es una insensatez que no tiene reparo. No hay ley ni condena que restaure el daño.

  El asesinato de un trovador, por “equivocación” de las manos asesinas, eleva la insensatez a las más oscuras profundidades de lo incomprensible.

  En todas las escenas de estos días, hay una instantánea del dolor que no se aparta de mis ojos.

  Es el momento en que son repatriados los restos de Facundo.

  En el aeropuerto estaban familiares que lo esperaban, funcionarios de Guatemala que venían junto con funcionarios argentinos. Alguien, no sé quién, no importa, llevaba el estuche con su guitarra.

  La guitarra de Facundo Cabral.

  En manos de otro, triste, ajena, sola…

  Los objetos preciados nos enrostran la dimensión del dolor y de la ausencia.