La ciudadana norteamericana
Christa Gail Pike fue condenada a la
ejecución por medio de inyección letal, 31 años después de hallársela culpable
de asesinato.
Ella confesó el crimen y
quedó bajo proceso judicial a cargo de sus abogados defensores cuyos argumentos
fueron: que apenas tenía 18 años y no tenía noción real de lo que estaba
haciendo, que padece trastornos mentales y que sufrió graves abusos sexuales,
físicos y emocionales durante su infancia y adolescencia. Pese a ello, fue
condenada a muerte.
Le aplicaron el día de
ayer, la inyección letal y sobrevivió. Le aplicaron una segunda dosis y
sobrevive.
Ahora, su defensa actuó de
tal manera que las autoridades de Tenesse
se ven obligadas a darle asistencia médica. Se entiende: una cosa es ejecutar y
otra muy distinta someter a la persona a “tortura
química”. Paradojas legales de la pena de muerte: ahora deben salvar a quienes intentaron matar…
Tal vez ésta sea otra
muestra de las situaciones “maravillosas” que suceden en el “mejor país del
planeta”…