Estoy por decir que, hoy por hoy, las nuevas canciones de los diversos géneros populares en boga están muy aderezadas por el videoclip.
Pareciera que una nueva canción necesitara sí o sí el sustento de la imagen en movimiento. Escucharán a jóvenes diciendo infinidad de veces: “La canción no es tan buena, pero el videoclip es sensacional”. Esta muy bien, no nos pondremos apocalípticos, son los tiempos que corren, pero me gustaba ese mundo de la música de actualidad cuando una canción valía por sí misma, cuando una nueva canción se oía, generalmente en la radio o en los parlantes del equipo de un/a amigo/a y, claramente, algo cambiaba en tu interior, te daba en el alma, te “partía la cabeza”, no se necesitaba el sustento de la imagen, la canción jugaba su carta a suerte y verdad y funcionaba la magia o no funcionaba.
Me objetarán. amigos lectores. que el videoclip es cosa vieja y siempre estuvo y les tendré que dar la razón: arrancó en el ´57 del siglo pasado con una canción del gran Elvis y ya antes, en estas tierras, en 1930 el mítico Carlos Gardel había grabado 10 canciones con imagen y sonido.
Sabemos también a las claras que fue aquel canal MTV que hizo furor en los años 80 difundiendo y fomentando la proliferación de videoclips, pero...pero...pero…
Yo diría que fue en los 90 en donde toda esta ola tomó carácter masivamente mundial y en estos 20 años del nuevo siglo se afianzó el concepto de que “sin videoclip la canción prácticamente no existe”…
Hoy por hoy, a impulsos de esta catástrofe pandémica por la cual bandas, compositores/as y cantautores/as no pueden hacer otra cosa que mostrar sus producciones a través de la redes, entendemos que la fuerza de cada nueva creación musical estará aún más en hombros del videoclip.
Se entiende, no hay ánimo de queja…
Sin embargo, seguimos creyendo en esas canciones que de pronto aparecen y valen por sí mismas con o sin videoclip o incluso a pesar del videoclip...




























