martes, 4 de octubre de 2011

Lírica de la “angustia estudiantil” II.

  “Mi infancia no tuvo sino días malos…” nada más rotundo como este verso de Rega Molina para definir el espíritu de los primeros años de escolaridad que, por otra parte, son también los primeros años de nuestras vidas.

   “Balada de un domingo de mi infancia” se llama este otro poema que con tanta claridad nos describe otro aspecto de nuestra “angustia estudiantil”.

“Mañana el maestro dará prueba escrita.
(Mi infancia no tuvo sino días malos).
Sentada en un banco mi infancia recita:
Colón ha partido del Puerto de Palos.

Es día domingo. Llovizna. Hace frío…
…el cuarto es muy grande, yo estoy solo en él.
Parece que arrastra en el cuarto sombrío
Su cola de seda la reina Isabel.

Es día domingo. Con una constancia
que más dolorosa no pudo haber sido,
sentada en un banco, repite mi infancia:
del Puerto de Palos, Colón ha partido.

Las seis de la tarde. Se encienden candelas.
Se cierran las puertas. La casa es distinta…
Dan miedo, dan miedo, las tres carabelas,
la Santa María, la Niña y la Pinta.”

Horacio Rega Molina

lunes, 3 de octubre de 2011

Lírica de la “angustia estudiantil”.

  La vida de estudiante tiene, siempre, un aspecto triste.

  La primavera de la vida, es decir, la infancia y la adolescencia se ven mancilladas por la ardua responsabilidad escolar. Las tareas incumplidas, las lecciones complejas, los domingos angustiantes, las horas interminables, los docentes incomprensibles, los directivos injustos, los amores no correspondidos…

  Con el tiempo, todas esas cosas, misteriosamente, se convierten en anécdotas maravillosas, y el tiempo pasado, en un mundo precioso.

  Pero, mientras tanto…

  Un poema olvidado de Luis Cané de su libro Mal estudiante: "Cielo de cristal".

    “El amor de cielo matinal
que abarca la ventana,
compendia la mañana
de oro, azul y cristal.

Mañana de febrero
en que estudio Derecho Comercial…
(Estoy mirando el cielo matinal
con ganas de estrellarle este tintero
para ver si es realmente de cristal).”

sábado, 1 de octubre de 2011

Soneto número doce y más…

  Se me acusará de cierta pereza o morosidad. Es posible y me culpo, no obstante, ya pueden leer el soneto XII en la sección “…(sólo sonetos”) y un poema nuevo en la sección “…(poemas)” dedicado e inspirado en esos insuperables versos de Robert Desnós “Tanto soñé contigo”. De producción propia: “Iré a tus sueños como a tus gestos…”

viernes, 30 de septiembre de 2011

¡Viernes, viernes, viernes!

“La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre…”
E. Hemingway
  

  Para ese puñado de seguidores de la sección Pipas como almas, es que anunciamos el homenaje a Ernest Hemingway, un escritor que sabía disfrutar de la caza, la pesca, la literatura y el tabaco para pipa…


jueves, 29 de septiembre de 2011

Sthéphane Hessel y la poesía…

  
  Es el autor del “pequeño” libro “Indígnate” (32 páginas según la edición), una palabra que no necesita aclaración mayor teniendo en cuenta la situación social europea.


  Hessel fue, en 1944, apresado por la Gestapo en la Francia ocupada cuando hacía una misión diplomática en favor de la Francia libre de De Gaulle, fue torturado, conducido a Buchenwald y condenado a la horca salvando su vida de manera milagrosa.

  Este año dijo en una entrevista en la que se le preguntaba por el lugar que ocupa en su vida la poesía: “Sabes que ha tenido un lugar muy importante en mi vida, en los momentos más difíciles, en la guerra, en prisión…Ser capaz de recordar y recitar un largo poema era un enorme alivio. Considero que un joven de hoy que se sumerge en un poema, se ubica más allá de lo cotidiano…”



Nota: Hessel fue, además, uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. “Buchenwald” y “Dora-Mittelbau” son los campos de concentración en los que estuvo prisionero.

martes, 27 de septiembre de 2011

Poetomancia

 Mancias, es decir métodos para adivinar o conocer o “robarle” a Dios el futuro, hay muchas. Cartomancia, necromancia, quiromancia, ornitomancia entre tantas otras.

  Todas ellas se basan en una conjetura más o menos similar: nuestro destino ya está pautado, sólo tenemos que averiguar en dónde está escrito y cuál es el código que  debemos descifrar para leerlo…

  Julio Cortázar prefería la poetomancia”. En una entrevista que se le realizara en 1983 nos transmitía las bases metodológicas:

   “Hay un viejo juego, que yo sigo practicando con resultados que me asombran, que es lo que alguien llamó la ‘poetomancia’. O sea, tomar un libro de poemas, cualquier libro de poemas, cerrar los ojos, abrirlos y poner el dedo en un verso y leer ese verso; es impresionante la cantidad de veces que en mi caso, me iluminan un futuro inmediato o me aclaran un pasado o me muestran cuál es mi presente, entonces, ¿cómo no creer en el poder del lenguaje cuando ese simple juego se vuelve una cosa seria?”.
  
  ¿Puede la poesía darnos la clave de nuestro devenir?, ¿puede aclararnos una tragedia pasada o darnos luz sobre lo que nos está sucediendo?, ¿puede, el simple e inocente método de colocar un dedo a ciegas sobre un verso cualquiera de un poema cualquiera decirnos algo de manera profunda y personal?

  Es cuestión de ser inocentes y creer.

  Yo le creo a Cortázar

domingo, 25 de septiembre de 2011

Pizarnik, in memoriam…


   Secretamente, podríamos preguntarnos si cincuenta dosis de Seconal sirven para sanar los dolores de la vida.

  Obviamente, sabemos que no.

  Pero sí, son suficientes para acabar con la vida frágil de una poetisa.

  El 25 de septiembre de 1972, Alejandra Pizarnik, según sus biógrafos, escribió en un pizarrón que tenía en su cuarto y al que usaba para anotar ideas y para ver sus poemas “No quiero ir nada más que hasta el fondo”.

  Pizarnik, una gran poetisa argentina. Grande de verdad.

  Sus referencias biográficas están al alcance de cualquiera, incluso en blogs mucho más elocuentes que éste.

  Sus obras, por suerte, también están al alcance de quienes quieran adentrarse en su estética atrapante:

La Jaula

Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

Yo no sé del sol.
Yo sé la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.

Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas.”