El mundo cambia y lo que era bien visto pasa a ser
algo mal visto, grave, prohibitivo…
Durante todo el siglo XX era atractivo que las
actrices se fotografiasen fumando ya sea en una imagen tomada por sorpresa, en un
set de fotografía o en unas cuantas escenas de película.
Había una predilección por las damas fumando en la cama...
–
Fuiste testigo directo del Mayo francés.. ¿Cómo lo viviste estando en París?
– Yo venía de Córdoba, en donde habían sucedido cosas
mucho más serias que eso. A mí me parecía una pavada lo que estaba sucediendo.
Me reía. Cuando se tomó el teatro Odeón, un amigo argentino subía a improvisar
y decía que era amigo de Fidel. Pero yo me daba cuenta que toda aquella
situación era imaginaria. Pero se ve que les vino bien a los franceses, además
son bárbaros para armar una cosmogonía de cualquier cosa. Pero en realidad no
pasó nada en el ’68.
Muy factiblemente se refiera a “El Corodobazo” una
tremenda insurrección popular liderada por estudiantes y trabajadores que
lucharon hasta, en muchos casos, dejar sus vidas. Pero este hecho fue en 1969,
tal vez Zanetti hace comparación retrospectiva o, posiblemente, las acciones previas a ese
episodio fueron para él más serias que el mayo francés…
Toda narrativa exitosa es, en poco o en mucho, algo
parecido a la prestedigitación. Es un truco de magos y GeorgeMartín es un gran mago
o, al menos, es un mago muy existoso.
En su saga, ha tomado la opción original de
ofrecernos posibles héroes, hacerlos queribles, que los amemos, y una vez
sentadas las bases elementales para que cualquier lector-espectador adhiera a
ese personaje, los ha matado lisa y llanamente para hacernos saltar de la
silla.
Pero, todo ha sido una gran estrategia de
ocultamiento, nos ha escondido durante todos estos años a los verdaderos
protagonistas.
Ahora, cuando se aproxima al final de la historia,
no le queda más que mostrar sus cartas y volver a la narrativa tradicional, esa
a la que estamos acostumbrados y reconocemos como normal.
Dos personajes marchan hacia su destino heroico,
ellos eran finalmente los protagonistas, lo demás fue todo un truco para ocultarlos teniéndolos a la vista.
Hay que ver si el creador toma la opción de culminar
dentro de la gran tradición heroica (más allá del triunfo o la derrota) o se
embelesa con su magia y retoma el viejo truco que, por usado tantas veces, ya
no tiene gran efecto.
O se encolumna en la noble narrativa o camina sobre
el estilo “animé” que hace queribles a personajes sólo para matarlos, puro
sadismo japonés…