miércoles, 5 de septiembre de 2018

Truman, nuevamente el ocaso de la T.V.




    Hace unos días, un canal de T.V. abierta (Telefé) anunció con bombos y platillos la emisión de un film protagonizado por el genial Ricardo Darín en horario de las 22:15 del domingo (esos horarios extraños que frecuentamos en Argentina, ni 22, ni 22:30, sino 22:15…).

     Hasta aquí, todo bien, con la salvedad que, en un gesto de humanidad y prudencia, las autoridades del canal deberían saber que la mayoría de los que ven la película por T.V. abierta es público trabajador, un público que, masivamente, el lunes se levantará muy temprano y que difícilmente se pasará el domingo hasta muy tarde viendo televisión…

    No obstante, vayamos al punto: emitieron el film con normalidad en principio, con las tandas publicitarias esperadas, pero…¡¡¡pero!!! En los cinco minutos finales, cuando la trama se tensiona y se espera con ansiedad y concentración suprema el desenlace, se despacharon con una tanda soberbia de publicidad, y como si fuera poco, retomaron el film por apenas un minuto o menos y volvieron con la misma emisión de tandas cuando solo quedaban segundos del final. Tandas publicitarias que resultaban extensísimas en comparación con los pocos instantes de emisión del film.

      Esto no es más que otra muestra del ocaso de la T.V. En el afán de ser redituable la T.V. abierta apuesta sus últimos cartuchos epocales a recaudar a través de la publicidad y se olvida del espectador o sólo lo tiene en cuenta como sujeto publicitario. No respeta a los televidentes, no respeta al film, no respeta en lo más esencial a eso esencial que se debe tener en cuenta cuando se cuenta una historia, una historia puede “cortarse” puede “suspenderse” al ser narrada pero no en cualquier momento porque eso exaspera al receptor. No lo saben o no les importa. Desesperan ante los avances comunicacionales que  están dejando a la T.V. obsoleta y redoblan la apuesta con devastadoras publicidades.   

  Tengan en cuenta amigos lectores, que el film, en su final presenta una trama de diálogos sutiles, casi silentes, definitorios y cuando estamos ante eso como espectador aparece una serie de publicidades de programas festivos del canal con canciones y música estridentes, promoción de dos telenovelas turcas, promoción de alimentos saludables y, entre otras que ya olvidé gracias a Dios, la promoción de una pomada para el cuidado de la dermatitis vaginal, sí, créanlo puñado de entusiastas lectores. Y, si acaso uno supera esto e intenta volver a la trama del film, de pronto, retoma otra vez la música estridente, la telenovela turca y la pomada vaginal.

 Amigos de T.V. abierta, no abundo más en argumentos, si la T.V. abierta está para morir, ustedes no están haciendo otra cosa que apurando el trámite.



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