martes, 23 de mayo de 2017

Roger, eternamente Roger Mooore



 Dos cosas por hoy:

 Lo primero:

 Odio las notas necrológicas, ya lo he dicho, pero algunas no puedo evitarlas.

 Lo segundo:

 Siempre hubiera querido ser Roger Moore o acaso hubiera querido ser   Brett Sinclair o James Bond o El Santo, pero, en realidad hubiera querido ser El Santo según Roger Moore o Bond según Roger Moore o Brett Sinclair como lo interpretó Roger Moore

 Mi copa en alto en tu honor, amigo Roger


viernes, 19 de mayo de 2017

Perturbadores por siempre…

 Hay libros perturbadores...

 Hay fragmentos perturbadores...

En la adolescencia me topé con este fragmento de “La rebelión de los brujos”  obra controvertida y discutible de Pauwels/ Bergier y nunca pude sacarme de la cabeza este fragmento introductorio. Si perturbar y galvanizar en la memoria algo a alguien fue el objetivo de los autores, conmigo lo lograron:


“Nuestra civilización, como toda civilización, es un complot. Numerosas divinidades minúsculas, cuyo poder sólo proviene de nuestro consentimiento en no discutirlas, desvían nuestra mirada del rostro fantástico de la realidad. El complot tiende a ocultarnos que hay otro mundo en el mundo en que vivimos, y otro hombre es el hombre que somos. Habría que romper el pacto, hacerse bárbaro. Y, ante todo, ser realista. Es decir, partir del principio de que la realidad es desconocida…”






domingo, 14 de mayo de 2017

El amor como acontecimiento inevitable…

 Me gustan los personajes literarios que confiesan su amor como una eventualidad contra la que no se puede luchar:

 “Está más que claro que,  pese a mis mejores intenciones, no puedo vivir sin ella. Es una lástima…”


Sandor Marai “La Extraña”


Jean Seberg, vista por Henri Dauman



sábado, 6 de mayo de 2017

Literatura y Cine…competencia legendaria...




 El crítico local Jorge Carnevalle no dudaba en confesar, rondando su vejez, que había soñado con un cine a la altura de lo literario, un cine que intentase estar a la par de la Literatura y disputar alturas estéticas. Había disfrutado el gran cine, el de Godard, Visconti, De Sica, Fellini, Scorsese, Ford, Welles, Hermanos Coen, etc… “Como ya señalé en más de una oportunidad, pienso que el cine tuvo su momento de gloria entre los años 60 y 70 y nos llevó a creer que podía medirse con la literatura. Aquello era un espejismo. Los avances tecnológicos, los multiplex y las películas en 3D nos indicaron que el cine volvía a ser lo que fue siempre: un entretenimiento masivo con algunos aditamentos que lo convierten en un parque de diversiones de lujo…”

 Admite, pasado el tiempo, ingenuidad y derrota.

 El Cine no logrará, según él, esas alturas estéticas a las que se puede acceder a través de la expresión literaria…

 Recuerdo la película Barton Fink, que es una figuración del tormento que vivió el escritor William Faulkner al tener que trabajar para Hollywood convirtiendo obras literarias en guiones cinematográficos. Había que reducir algo grande, traducir con simpleza algo complejo.

 Pero, la sabiduría popular entiende que si lo pequeño no puede subir, lo grande puede bajar…

 Así es cómo hoy tenemos literatura casi cinematográfica. Autores que se sienten como pez en el agua a la hora de la adaptación cinematográfica, no sufren como Faulkner sino que lo disfrutan y le sacan provecho como George Martin que es el guionista de su propia obra, la cual, por otra parte, es absolutamente cinematográfica (estamos hablando de Canción de Fuego y Hielo devenida en Juego de Tronos), o podríamos hablar de la metamorfosis que a lo largo de pocos años fue “sufriendo” Harry Potter, obra que tuvo un inicio puro y literario, sin una página de más, para terminar en un fárrago extenso pensado para el merchandising y lleno de guiños para la cómoda y rápida adaptación a la pantalla grande… La saga Potter nació como un texto para lectores y terminó como un "texto-base" para espectadores. Y podría decirse más, el primer Harry Potter, el de la Piedra Filosofal, fue un incentivador a la lectura, en cambio, el resto de ellos fue una invitación cinematográfica...

  Es posible que, como pensaba Carnevalle, el cine no logre alcanzar el sitial artístico de la ficción literaria, pero, tal vez, la ficción literaria pueda bajar unos peldaños para tomarle la mano…





domingo, 30 de abril de 2017

Finales alternativos, ningún final…

  Fue Shakespeare quien en una de sus inmortales creaciones nos dice a través de la boca de uno de sus personajes: “Leal con todos, desleal con todos…”

 Estas son épocas en que el cine pero principalmente la telenovela suelen tener versiones alternativas.

  Usted puede ver la versión oficial de una película y luego puede rastrear la “versión del director”, es decir lo que al director le hubiera gustado hacer y mostrar.

 Parece que en el mundo del cine, el director es un cocinero cuya comida es más o menos sustancialmente modificada antes de que usted pueda llevársela a la boca.

 Lo más grave, a mi parecer, son los finales alternativos.

  Sucede mucho con el género telenovela.

  Se ve en las pantallas el final del culebrón y luego se puede rastrear por infinidad de sitios otros finales, grabados, filmados por el propio director con los mismos actores…

  El resultado es que uno tiene a mano finales diversos para la historia que lo estuvo atrapando todo este tiempo, uno, dos, tres años…

  Y muchas veces, no pocas, esos finales posibles difieren y mucho.

  Es decir que usted puede ver el final que se emitió el día pautado para la televisión, el final que a usted le hubiera gustado, el final que le hubiera gustado a su hija de 12 años y el final que le hubiera encantado a su vecina.

  En virtud y en honor a la verdadera narrativa usted tuvo todo los finales posibles, el autor se ha desligado del compromiso de un único final; se ha conformado a todos en alguna de las versiones a la vez que se los ha dejado disconformes en todas las otras.

 Es liberar a la historia de su compromiso, de su esencia, de su validez, de todo aquello que lo hace interesante. Es como ir a ver a su equipo favorito en una instancia deportiva importante y en el final del encuentro el equipo de sus amores se lleva una excelente victoria, pero en otro final es derrotado y en otro más nos vamos todos masticando un decoroso empate.

 Yo tengo la profunda sensación de que muchos finales saben a ningún final…








sábado, 29 de abril de 2017

El café es El Café III (o el café y la muerte de mi padre)



   Comenzamos hablando del café como bebida apasionada en estas tierras y derivamos en el lugar adonde uno suele ir a tomar un café: el Bar, el Cafetín, el Café








 Mi padre iba todos los días al café, dos veces por día. Iba un breve rato, siempre a la salida del trabajo; un rato antes del mediodía y un rato antes de la cena. Los fines de semana también. Me llevó de niño y pude conocer a sus amigos del café.

 Era un ritual maravilloso. Dialogaban de cosas insólitas y discutían sobre el resultado de las carreras de caballos. No eran grandes apostadores, de hecho casi no iban al hipódromo puesto que ese tiempo se lo pasaban en el café, no obstante, creo que el turf era el deporte que amaban y no otro. Seguramente existe un maridaje entre café y carreras de caballos…

 Era un ritual maravilloso que acaso salvaba a mi padre del ritual fatal del trabajo, que no suele tener piedad de eximición. 

 Cuando mi padre murió, sus amigos del café vinieron a su “velorio” y reprodujeron, sin proponérselo la única rutina que conocían: llegaron, saludaron a deudos con gesto de respeto, se sentaron en los sillones de la sala velatoria, abrieron el periódico, dialogaron sobre cosas insólitas y sobre los resultados de las carreras de caballos y luego se marcharon.

 Esa fue su homenaje, el homenaje de los “amigos del café”…

 Mi padre no habría querido otra cosa…


 Dejo aquí este hermoso poema-canción de Enrique Santos Discépolo en la voz de Edmundo Rivero:



 Cafetín de Buenos Aires

De chiquilín te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan...
La ñata contra el vidrio,
en un azul de frío,
que sólo fue después viviendo
igual al mío...
Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho me diste entre asombros:
el cigarrillo,
la fe en mis sueños
y una esperanza de amor.

Cómo olvidarte en esta queja,
cafetín de Buenos Aires,
si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja...
En tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas,
yo aprendí filosofía... dados... timba...
y la poesía cruel
de no pensar más en mí.

Me diste en oro un puñado de amigos,
que son los mismos que alientan mis horas:
(José, el de la quimera...
Marcial, que aún cree y espera...
y el flaco Abel que se nos fue
pero aún me guía....).
Sobre tus mesas que nunca preguntan
lloré una tarde el primer desengaño,
nací a las penas,
bebí mis años
y me entregué sin luchar.

Enrique Santos Discépolo






miércoles, 26 de abril de 2017

El café es El Café II

 Acerca del café, siempre me gustó este maravilloso texto: 

“¿Que a qué se va al café entonces ? ¡ Ah! Es un secreto demasiado sutil para que pueda transmitirse por el medio grosero de la palabra (...) sólo acierto a decir que, aunque muchos van al café para hablar de política- en la que buscan siempre la misma excitación nerviosa que obtenían antes con la cafeína- o para jugar al dominó, los verdaderos hombres de café no va a eso ni a nada parecido. Van al café y esto es todo. Van al café para estar en el café".

        Julio Camba ( 1882-1962 )

Una canción que resume el espíritu del hombre que va, sistemáticamente, al café…

Café “La Humedad

“Humedad...
Llovizna y frío...
Mi aliento empaña
el vidrio azul del viejo bar.
No me pregunten si hace mucho que la espero:
un café que ya está frío y hace varios ceniceros.
Aunque sé que nunca llega
siempre que llueve voy corriendo hasta el café,
y sólo cuento con la compañía de un gato
que al cordón de mi zapato lo destroza con placer.

Café La Humedad, billar y reunión...
Sábado con trampas... ¡Qué linda función!
Yo solamente necesito agradecerte
la enseñanza de tus noches
que me alejan de la muerte.
Café La Humedad, billar y reunión...
Sábado con trampas. ¡Qué linda función!
Yo simplemente te agradezco las poesías
que la escuela de tus noches
le enseñaron a mis días.


Soledad de soltería... Son treinta
abriles ya cansados de soñar.
Por eso vuelvo hasta la esquina del boliche
a buscar la barra eterna de Gaona y Boyacá.
¡Ya son pocos los que quedan!
Vamos, muchachos, esta noche a recordar
una por una las hazañas de otros tiempos
y el recuerdo del boliche que llamamos La Humedad.”

Cacho Castaña